Nanterre cruel

Un camarada de la Universidad de Nanterre: Los que dicen que Stalin es responsable, además de sus crímenes y errores, también de nuestras decepciones, de nuestros errores y desesperanza en todos los terrenos, comprobarán con sorpresa que el fin del totalitarismo intelectual… el fin del dogmatismo intelectual no nos devolvió enteramente la filosofía marxista. Sólo se puede liberar del dogmatismo algo que existe. Sí, la muerte de Stalin permitió la libertad de investigación que instigó a algunos a considerar como filosofía el comentario ideológico de su deseo de libertad. La muerte de Stalin nos dio el derecho de saber lo que poseemos, lo que es nuestra riqueza, y nuestra indigencia, de plantear nuestros problemas y conducir rigurosamente la investigación. La muerte de Stalin nos permitió salir de nuestro provincialismo teórico, conocer los que existen fuera de nosotros y empezar a vernos desde fuera, conocer nuestro lugar en el conocimiento y en la ignorancia del marxismo. Y empezar a conocernos. Nuestra tarea de hoy consiste en plantear y solucionar estos problemas para dar un poco de existencia y de consistencia a la filosofía marxista.

En ciertas condiciones muy precisas, una revolución no socialista puede pasar pacíficamente a revolución socialista, pero en ningún caso la ausencia de revolución se puede transformar en revolución socialista, ni en socialismo. En la vía hacia el socialismo se encuentra siempre la revolución. La ideas justas vienen de la práctica social y de la lucha por la producción, y de los experimentos científicos y de la lucha de clases. Unas clases vencen, otras son eliminadas. Eso es la historia de las civilizaciones desde siempre.

En su discurso del 29 de marzo de 1921, Lenin puso de manifiesto que la lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del proletariado, pero toma otras formas. Por ejemplo, lo que pasa hoy en la URSS, pese a las mentiras atlántico-revisionistas de Brezhnev y Kosyguin.

Rechazad las ilusiones. Preparaos para la lucha. Sois la esperanza. Trabajar es luchar. Buscad la verdad en los hechos, en lo que existe objetivamente. La verdad es el lazo que los une, o sea, las leyes que los rigen. Indagar es estudiar. Debemos partir de la situación real dentro y fuera del país, de la provincia o del barrio, y deducir, para nuestra acción, las leyes de esa situación, y no las que nosotros imaginamos.

Al principio, Nanterre me fastidiaba, porque es una facultad en medio de bidonvilles; y luego, poco a poco, de todas formas, me pareció que estaba bien la filosofía en los arrabales obreros. En fin, que ése era su sitio. En fin, sí, nos han puesto en las mismas jaulas de conejos que a los obreros, pero los conejos se multiplican. Y, además, por las mañanas, cuando voy, me cruzo con los niños de los obreros argelinos, y luego también con los mecánicos de la SIMCA… Sí, de acuerdo: en fin, sí, creía que me los cruzaba, pero de hecho hacemos el mismo camino; es decir, que tenemos los mismos bares, nos bajamos a la misma hora en la misma estación, nos cae la misma lluvia…

Era 1967. Después Mayo. Nada menos que Mayo… Y hoy, parcialmente, otro mundo. Ya no estamos con Querrien: ¿quién va a trabajar siempre más y mejor? Se acabó Nanterre: en adelante, y como norma, complejos universitarios, ciudades universitarias. Se dio fin a la promiscuidad social –colusión de estudiantes y obreros en los mismos bares, a las mismas horas, bajo la misma lluvia. A partir de ahora, el ghetto universitario: aquí, justamente aquí, los estudiantes y sólo los estudiantes. Al otro lado, más allá, un poco en todas partes pero siempre lejos…, los obreros y sólo los obreros.

Podemos hoy amar la Facultad de los bidonvilles sin lamentar su decadencia; rendir tributo a la beligerancia constante de los universitarios del arrabal sin ensayar una descalificación moral del terrorismo que animaba. Nietzsche lo advirtió: ¡Vivir significa ser cruel e implacable con todo lo que en nosotros y fuera de nosotros se debilita y envejece! Nanterre, implacable, hermosamente cruel, terminó haciendo suyo el sentimiento de Ivonne, en La Chinoise: Sabe, cuando el sol se pone, se pone completamente rojo y después desaparece; pero para mí, en mi corazón, el sol no se pone nunca. Eso es.

Pero, si no hay nada que lamentar en el ocaso de Nanterre, tampoco hay nada que celebrar en el desplazamiento contemporáneo de la praxis: la posibilidad de una cancelación del trabajo alienado se aleja en las sociedades democráticas y la nueva proliferación de los frentes de lucha no opera precisamente a su favor -por lo menos de forma inmediata-; la crítica radical del ex-socialismo del Este (por fundada que parezca) amenaza con arruinar el único modelo efectivo al que podría aferrarse todavía la clase trabajadora, entregándola, sin alternativa visible, a la coacción ininterrumpida del Capital.

Después de la Deserción transcurrió un tiempo en que El irresponsable se prestaba tan poca atención a sí mismo que sus ideas le pasaban casi desapercibidas, y tenía que apresarlas cada noche ante el papel para no equivocarse de pensamiento por las mañanas y recordar aproximadamente quién era ése que se despertaba en su cuerpo…

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